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Protección de Ciudades Patrimonio de la Humanidad
Pablo Muñoz del Olmo
Jefe del Servicio de Bomberos y Protección Civil
Ayuntamiento de Cuenca

El pasado mes de octubre tuvieron lugar en Cuenca las I Jornadas Internacionales sobre Protección Contra Incendios en Ciudades Patrimonio de la Humanidad a las que asistieron numerosos expertos en la materia. Entre las presentaciones realizadas a lo largo del evento, destacamos a continuación el tema tratado por Pablo Muñoz, Jefe del Servicio de Bomberos y Protección Civil de Cuenca.

El fuego tiene carácter destructor de cultura patrimonial y falta calidad y cantidad de medidas protectoras contra él en ciudades patrimonio. El estado no legisla de manera específica para remediarlo, dejándolo en competencias locales, que nunca se llegan a desarrollar, teniendo al final que ver impasibles cómo se quema nuestra historia, nuestros valores: El Liceo de Barcelona en España, el Barrio de Chiado en Lisboa (Portugal), el Castillo de Windsor (Reino Unido) y más recientemente el Palacio Episcopal de San Cristóbal de La Laguna en Tenerife. Todos ellos son claros ejemplos de que el problema sigue estando ahí y habrá que empezar a buscar soluciones.

CONSERVACIÓN DE PATRIMONIO Y SU PROTECCIÓN LEGAL
El periodo de la historia donde se puede fijar el comienzo de la protección del patrimonio es el renacimiento, donde se empieza a valorar el arte y los monumentos del pasado.

La conservación monumental, en el sentido en que la comprendemos actualmente, podemos decir que parte de la ilustración y de la secularización, aunque el sentido higienista de la ilustración tuvo efectos devastadores sobre las ciudades históricas.

En Europa principalmente, en el S. XIX, empiezan a aparecer inventarios y catálogos de monumentos históricos, al menos para conservar en papel la existencia de los mismos, sobre todo en Francia y Alemania.

A partir del S. XX comienzan a aparecer legislaciones de conservación y protección de monumentos. Se empiezan a suscribir acuerdos internacionales como la Carta de Atenas en 1931, y en 1964 la Carta de Venecia, que se ratificaría un año más tarde en Varsovia.

Tras la elaboración de la Carta Internacional sobre la Conservación y Restauración de los Monumentos y los Sitios Histórico-Artísticos, conocida como "Carta de Venecia", nace el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Histórico-Artísticos (ICOMOS) que será la única organización internacional no gubernamental que tiene como cometido promover la teoría, la metodología y la tecnología aplicada a la conservación, protección, realce y apreciación de los monumentos, los conjuntos y los referidos sitios.

En España los antecedentes legales más lejanos sobre el mantenimiento de edificios importantes de la arquitectura española los encontramos en 1850, y aun así durante el S. XIX con la desamortización-industrialización se destruyen numerosos monumentos arquitectónicos.

Durante el S. XX, en 1933 se publica la Ley Reguladora Patrimonio Histórico Artístico; teniendo un referente legal más cercano en 1985 con Ley Patrimonio Histórico Artístico; así como, tras las transferencias de competencias en el Estado de las Autonomías, la diversa legislación de las diferentes Comunidades Autónomas.

En referencia más concreta a la Ley de Patrimonio de 1985, en su articulo 21.1, entre otros conceptos del articulado detalla “... A los elementos singulares se les dispensará una protección integral. Para el resto de los elementos se fijará, en cada caso, un nivel adecuado de protección”.

Será interesante que recuerden este concepto legal y obligatorio de protección integral, pues su ámbito de aplicación también debe ser, sin lugar a dudas, la Protección Contra Incendios que hasta la fecha no se ha contemplado de manera fehaciente.

PERO ¿CUÁLES SON LOS PROBLEMAS DE UNA CIUDAD HISTÓRICA?

Una ciudad histórica Patrimonio de la Humanidad es un conjunto de barrios monumentales, con una gran riqueza arquitectónica, histórica, artística y cultural. Con una actividad urbana viva, sometida a conflictos entre la conservación de los valores del pasado y la solución de las necesidades del presente, suele tener zonas en estado de ruina que intenta paliarse con apoyos de la administración para su rehabilitación. Su desarrollo urbanístico es de trazados con calles estrechas y sinuosas conforme al diseño de la época, soportando una actividad urbana demasiado viva para revitalizarla: administración, turismo, etc. Por el contrario, tiene un bajo índice de ocupación habitable.

Pues bien, la humanidad reconoce el rango urbano excepcional como depósito de cultura universal, de sus edificios, monumentos, costumbres, historia, etc., pero realmente “La Humanidad” no se compromete a nada y es el propietario de la misma -Ayuntamientos principalmente- el encargado de mantener el legado, muchas veces sin dinero, u otras buscando soluciones muy imaginativas para conseguirlo (consorcios, patronatos, etc.).

No existen vías de financiación en presupuestos ni nacionales ni comunitarias, establecidas con antelación y con una periodicidad estable, y la protección legal en estos casos o es bastante “etérea”, u obliga mucho y aporta poco al que la sufre.

La dramática realidad es que es que nuestro patrimonio desaparece en los incendios sin que los Gobiernos estatales hagan nada por remediarlo… Bueno a lo mejor sí, a veces aportar dinero para reconstruir lo que ha quedado.

Seguramente al recaer las competencias en los Gobiernos locales, los nacionales y regionales se suelen desentender del problema o no realizan el apoyo debido.

La acción protectora frente al fuego no debe tener un coste relativamente elevado en comparación con otras obras de conservación del patrimonio, pero como raramente se suelen quemar ciudades, los Gobiernos municipales, acuciados por otras demandas sociales, y siempre con bajo presupuesto económico, dejan para un mañana lo que podían haber hecho hoy.

Por ejemplo, en los Planes Especiales de Protección de Cascos Históricos se detallan el mantenimiento, su configuración histórica, los usos y actividades (excepto peligrosas e insalubres) y el aumento de equipamiento comunitario. También se refleja la rehabilitación de edificios singulares y se contemplan peligros y riesgos de los mismos como la congestión de tráfico, el mal de la piedra, la seguridad ciudadana... y hasta la pérdida de valores culturales y antropológicos. Pero ningún documento de éstos recoge planes de emergencia, de autoprotección, de protección frente al fuego. En algunos planes indican que debe desarrollarse una ordenanza de protección integral, sin especificar nadas más, pudiendo abrir aquí una vía para la Protección Contra Incendios.

EL PRESENTE
23 de Enero de 2006. Doce de la mañana. La antigua residencia de los Condes de Valle de Salazar está ardiendo. En la actualidad era la sede del Obispado en San Cristóbal de la Laguna en Tenerife.

Este Palacio Episcopal era una de las principales joyas arquitectónicas, contribuyendo este esplendor y su arte de manera muy importante a que la UNESCO declarará en 1999 Patrimonio de la Humanidad al casco histórico de la Laguna.

En cinco horas, tres siglos de historia se perdieron a través del humo al cielo limpio canario. No sólo fue el conjunto arquitectónico, sino también obras de arte, libros y archivos. Muchos lamentos, mucho apoyo a los bomberos que extinguieron el fuego y controlaron el pavoroso incendio en el recinto del palacio, y, como siempre, alguien que se queja y que va más allá: si no funcionaba la red de agua, si podían haber entrado por detrás, etc. Es decir, lo de siempre… O lo de casi siempre.

Pero lo más triste es que el Palacio Episcopal se pudo haber salvado con tan sólo un detector de incendios que cuesta 30 euros. El fuego se produjo por una sobrecarga en un enchufe de un sistema eléctrico anticuado.

Se movió libremente bajo toda la techumbre del Palacio realizada con madera resinera. Nadie, ni nada, lo vio ni lo detectó. Debajo había una reunión para restaurar la catedral.

Nada lo pudo parar, no había compartimentación, se movió libremente por toda la parte superior del edificio, hasta que alguien de la calle vio salir el humo. Ya había pasado mucho tiempo y era imparable. No se pudo rescatar ninguna obra del arte canario que albergaba el Palacio.

Se me olvidaba decirles que ésta no fue la primera vez, si no que el cielo de Aguere se enlutó otra vez hace 41 años. Fue el coro de la Iglesia de San Agustín, el 2 de Junio de 1964, no quedó nada. La historia se ha vuelto a repetir.

Por todo ello, y por que ahora fue en la Laguna, como mañana, Dios no lo quiera, puede ser en cualquier otra ciudad que contenga valores patrimoniales de la Humanidad, ha habido predisposición para dejar este presente y trabajar por un futuro más seguro, y los Alcaldes que conforman el Grupo Español de Ciudades Patrimonio en su Asamblea celebrada en Cáceres el pasado 11 de Marzo deciden que es necesario y urgente empezar a trabajar en la Protección Contra Incendios de nuestros cascos históricos y de nuestro patrimonio. Para ello ordenan la reunión urgente de los Jefes de Bomberos y Protección Civil y les instan a que realicen un estudio de la situación actual, así como de las necesidades. Deciden también apoyar la iniciativa del Alcalde de Cuenca de celebrar este Congreso para que sirva como foro de debate y presentación de respuestas alternativas contra el fuego.

Las reuniones de los Jefes de Bomberos y Técnicos de Protección Civil se desarrollaron en San Cristóbal de la Laguna donde pudimos conocer las consecuencias del incendio, guiados por su Alcaldesa y Técnicos Municipales.

Celebramos la última reunión, antes de este Congreso este mismo mes de Octubre en la Ciudad de Santa Teresa: Ávila.

El trabajo llevado a cabo ha sido arduo y muy importante porque hemos podido realizar, por un lado, un estudio global de la situación actual, que ahora presentaré en nombre de todos ellos; y por otro lado, las necesidades inmediatas a corto y medio plazo que deben asumir los Ayuntamientos, a los cuales hemos representado en nuestras reuniones, y en las que, por cierto, también han participado algunos concejales.

En este estudio podemos empezar indicando que, aunque el factor de agrupamiento es que todas ellas cuentan con valores patrimoniales excepcionales que les hace merecedoras de la distinción como Patrimonio de la Humanidad, luego existen diferencias entre unas y otras desde el punto de vista de población, presupuestario e, incluso, desde el sistema de gestión de bomberos, porque en algunos municipios el servicio está consorciado con la Provincia y, en algún caso, lo presta la Comunidad Autónoma.

Hicimos un test en el que participaron 10 ciudades, de las 13 que componen el grupo, exigiéndonos una contestación objetiva y lo más positiva posible, dividiéndolo en tres apartados:
• Prevención de Incendios.
• Intervención en Incendios.
• Equipamiento urbanístico.

Prevención de incendios
En materia de prevención de incendios podemos empezar indicando que ninguna ciudad cuenta con una ordenanza de prevención de incendios, y tan sólo una tiene promulgado otro tipo de disposición legal que regula el sistema de prevención de incendios en el casco histórico.

Un 60% de ellas cuenta con un plan especial o similar de protección de casco histórico o elemento que conforme el título de Patrimonio de la Humanidad, aunque en la mayoría de ellos no detalla un apartado especial a la protección contra el fuego.
Relativo a la planificación de la emergencia tan sólo el 30% cuenta con un Plan de Emergencia del Casco Histórico, aunque un 40% dice tener otro tipo de estudio de seguridad.

En lo concerniente a los Planes de Autoprotección de los edificios, sólo el 40% de los encuestados dicen conocer si cuentan con este tipo de Plan o no, y los que afirman conocer su existencia manifiestan que sólo un 25% de edificios lo tienen.

Los Servicios de Bomberos, de manera generalizada, en la actualidad, no están dotados de Departamento de Prevención de Incendios, y los que lo tienen cuentan con medios escasos. Sin embargo, conviene matizar que, durante éste y el próximo ejercicio, se tiene previsto la puesta en funcionamiento de este Departamento por parte de un alto porcentaje de Ciudades.

Actualmente, la inspección en materia de prevención de incendios, está encomendada a los Departamentos de Urbanismo (aunque no está claro, según opinión de los encuestados, que este Departamento cumpla con dicha función en muchos casos), ya sea a través de Servicios o Gerencias Municipales, los cuales no siempre suelen contar con la opinión de los Servicios de Bomberos a la hora de emitir sus dictámenes o informes.

Intervención en incendios

Respecto de la intervención de bomberos, el 70% de las ciudades que realizan la encuesta cuenta con Servicio de Bomberos propio. (Al margen de la encuesta, recordar que, del total de las Ciudades del Grupo, en dos de ellas el servicio lo presta la Comunidad Autónoma, y en tres los Servicios Provinciales Consorciados).

En relación a los medios materiales utilizados en la intervención, el 70% de los encuestados afirma tener vehículos adaptados para intervenir en los cascos históricos y, además, son suficientes. Cuestión que se invierte en materia de recursos humanos, pues un 70% cree que no son suficientes la cantidad de bomberos que conforman la plantilla del Servicio o realizan las guardias diarias.

Además, el personal que presta servicio tiene escasa formación sobre intervención en Cascos Históricos, y el conocimiento sobre éstos es mínimo. La encuesta arroja el resultado de que sólo un 30%, del personal dispone de formación y conocimientos, porcentaje coincidente con el que se obtiene cuando se interroga sobre los servicios que realizan visitas a los lugares de mayor riesgo en los Cascos, y han realizado simulacros de manera global o de edificios en particular.

Lo que sí se vislumbra es que en ninguna Ciudad está contemplado cómo llevar a cabo la evacuación de las obras de arte, contenidas en los diferentes edificios de los Cascos, y si ésta se puede realizar. Ni tan siquiera existe documento alguno en el que se plasme el lugar donde están, pues no hay catalogación ni inventario alguno.

A la hora de cuestionarnos cómo intervenir en el Casco Histórico, seguramente que todos hubiésemos respondido que sabemos cómo planificar esa intervención, pero si la pregunta es si existe un protocolo de intervención, según el tipo de siniestro, tan sólo un 30% contesta afirmativamente.

Destacable es el conocimiento que todos tenemos de la ubicación de la red de hidrantes o tomas de agua como arma principal frente al fuego.

Ningún Servicio de Bomberos tiene conexión alguna a alarma de detección de incendios, ni conoce de la aplicación de ningún sistema vanguardista frente al fuego.

Equipamiento urbanístico
El equipamiento urbanístico ha sido estudiado desde el punto de vista de cuáles son las necesidades de los bomberos en su intervención, y también desde la problemática que suscitan otro tipo de equipamientos o recursos, que son instalados/utilizados por otros, y que, en muchos casos, tienen un fin social, pero que se convierten en un problema para la actuación de los bomberos.

Cuando se planifica el equipamiento urbanístico en los Cascos, no se suelen tener en cuenta criterios relativos a la prevención de incendios o accesibilidad, sobre todo esto último, pues si bien ya se cuenta con que el urbanismo en estas zonas es muy peculiar, en lo tocante a la problemática de los accesos, no debería seguirse poniendo barreras nuevas, sino, más bien, eliminando las existentes que estén en consonancia con el mantenimiento del legado de nuestros antepasados.

A la hora de instalar mobiliario urbano en el Casco Histórico no se tiene en cuenta un criterio de accesibilidad para bomberos en caso de intervención a edificios cercanos o próximos al recurso.

Existen de manera generalizada bolardos u otros elementos, que suponen, en algún momento, un grave impedimento para el acceso de los bomberos.

Todas las ciudades tienen en algún lugar del Casco bolardos o vallas móviles que se accionan con un mando o tarjeta. Los bomberos, de manera generalizada, disponen de estos sistemas de apertura, pero hay que contar con que la fiabilidad, en cuanto al funcionamiento de los mismos, está entorno al 70%, lo cual puede suponer un grave problema de acceso para la intervención.

Respecto de la red que importa en la extinción, que es la de agua, tan sólo un 40% de los municipios encuestados cuenta con esa red especial, aunque la mayoría indican que existe una de agua general, -cuyo uso previsto es para otros menesteres-, y que puede ser aceptable en cuanto a la cantidad, pero que a veces no tienen el caudal ni la presión apropiada.

Ante esta situación no muy alentadora podemos deducir las siguientes conclusiones:
• Existe un vacío legal en materia de Protección Contra Incendios para nuestros Cascos Históricos, pues la legislación actual no es retroactiva, ya que sólo es aplicable a edificios de nueva planta o cuando se produce un cambio de uso o reforma, pudiendo en edificios singulares eludir, muchas veces, sus preceptos, teniendo presente además que estamos hablando de edificios construidos muchos años atrás.
• Los Servicios de Bomberos son los que más conocen el comportamiento del fuego, y las necesidades referentes a su protección, sin embargo no cuentan con un necesario Departamento de Prevención de Incendios, -como ya ocurre en muchas localidades de nuestro país-, que vele, más de cerca, por la Protección Contra Incendios de nuestro patrimonio.
• No se tiene en cuenta la planificación y respuesta ante una emergencia en los edificios más importantes de los Cascos Históricos.
• Falta personal en la plantilla de Bomberos, y estructura, para aplicar los protocolos de actuación que se deben aprobar.
• Es necesario sensibilizar a los bomberos de la importancia y el valor, del Patrimonio Histórico, incidiendo en el conocimiento del mismo; formándolos en intervención de incendios en este ámbito; e inculcándoles el valor que encierra una obra de arte, enseñándoles a protegerla y manipularla.
• No existe un inventario y catalogación del patrimonio.
• Por lo general no hay un sistema de tomas de agua e hidrantes, y cuando los hay suelen ser insuficientes en número, y, además, están deficientemente mantenidos y con presión y caudal no muy adecuado.
• El mobiliario urbano no se instala teniendo en cuenta el criterio de accesibilidad a Bomberos, que debiera ser considerado junto a otros criterios que sí se tienen, y que pueden ser importantes en otros ámbitos.
• Se observa que en algunos Cascos donde se ha conseguido la total o parcial peatonalización de los mismos, se gana en rapidez de intervención y accesibilidad, pues desaparecen, o disminuyen, bolardos y vallas móviles, -amén de la desaparición de estacionamientos indebidos de vehículos-.
Ante estas conclusiones hemos realizado una profunda reflexión y un estudio de trabajo de lo que, a nuestro juicio, con conocimiento técnico y profesional suficiente, debería ser…

EL FUTURO
Un futuro en el que todos tenemos cabida, y donde todos debemos estar. Un futuro donde no sobrará nadie. Un futuro de todos, basado en tan sólo tres pilares fundamentales, que ha continuación desarrollaré, pero con un denso contenido. Un futuro ambicioso, puesto que es ahora el momento de pensar en la protección del patrimonio, como así nos lo exige la UNESCO y reflejan nuestros planes especiales. Una Protección Contra Incendios de nuestros edificios, pues, afortunadamente, nuestros Cascos, nuestro Patrimonio ha ido de manera paulatina consolidándose y rehabilitándose con el empuje y la ayuda de todos, procurando, de aquí en adelante, la necesaria continuidad de estas acciones.

Para ello el primer pilar, por no decir los cimientos de este proyecto, es la aprobación de una Ordenanza Municipal de Prevención de Incendios en Cascos Históricos, la cual debe dejar muy claras sus intenciones y la justificación necesaria de su aprobación.

Recogerá de manera clara, su ámbito de aplicación, que se deberá circunscribir al territorio delimitado en el Plan Especial o zona declarada como Patrimonio de la Humanidad.

Debe tener un carácter retroactivo para aquellos edificios que reúnan las características especiales que determine esta Ordenanza, y que se incluyan en el Catálogo de Edificios de Especial Protección Contra Incendios, que se deberá elaborar en función de su valor patrimonial, tanto en el continente como en el contenido, y que aparecerá en el Anexo a la misma.

Sé que en estos momentos pensarán en la dificultad de esta empresa, pero es necesario que todos lleguemos a la misma conclusión, y es que está en juego nuestro legado histórico, cultural, artístico y patrimonial y hay que empezar a tomar medidas al respecto de una vez por todas. Esta implantación se debe realizar con una adecuación paulatina en el tiempo, y, por supuesto, con la ayuda económica de la Administración tanto Regional como del Gobierno de la Nación, así como de fondos europeos, igual que ya ha ocurrido con otros programas, tal que, por ejemplo, el de rehabilitación de fachadas.

Esta Ordenanza deberá contemplar la compartimentación, para limitar la propagación de un posible incendio en función a parámetros que se establecerán, y determinará qué locales de riesgo especial figuran en nuestros Cascos.

Fijará también las premisas para la accesibilidad de los bomberos ante un incendio declarado, y deberá conjugar el interés de la Protección Contra Incendios con las necesidades y demandas en otros ámbitos de los habitantes y usuarios del Casco, y la vida diaria en el mismo.

Señalará los sistemas tanto de detección y alarma, como los de extinción, adecuados a cada valor a proteger.

En cuanto a la instalación de hidrantes, dejará estipulado las necesidades mínimas para los edificios o zonas de riesgo, así como su caudal y presión adecuados. Igualmente para otro tipo de redes de infraestructuras.

Determinará un protocolo de actuación en materia de seguridad contra incendios para la realización de obras, reformas o tareas de mantenimiento, en el que se incluya las medidas a considerar en su ejecución y precauciones a seguir en el uso y manejo de útiles o herramientas. En este punto me es necesario recordarles que algunos grandes incendios, de edificios históricos o singulares, han tenido su origen en operaciones o actuaciones poco diligentes llevadas a cabo durante la reforma de los mismos, como es el caso del Liceo de Barcelona.

Muy importante es contemplar, debiendo recogerlo la Ordenanza, los cambios de uso temporal. Un edificio de uso Administrativo, Pública Concurrencia u otro tipo puede destinarse, de manera temporal, para otros usos, pero contemplando unas normas mínimas, pues ese edificio estará protegido para el uso inicial y no para el secundario. Por ejemplo, un recinto religioso transformado en una exposición temporal difiere totalmente en su índice de peligrosidad, pues su carga de fuego será totalmente distinta. Posiblemente se modifiquen, inclusive, las vías disponibles para la evacuación de personas y, además, aporta más elementos patrimoniales a proteger.

Por último incluirá la obligatoriedad de contar con un Plan de Emergencia del edificio, según un Plan Tipo que se elabore.

El segundo pilar de nuestro futuro será la creación de un Departamento de Prevención de Incendios dentro de los Servicios de Bomberos o de Protección Civil en aquellos municipios que no tengan aquel servicio como propio.

Contará, al menos en su fase inicial, con una dotación mínima de un Técnico en Prevención de Incendios y un Técnico de Protección Civil, con el correspondiente apoyo administrativo, así como la informatización del departamento y su programa de gestión.

Las competencias que debe tener este departamento son claras y bien definidas, y las podemos dividir en dos aspectos:
• La Prevención y Normativa del fuego.
• La Planificación y Protección Civil.
En cuanto a la Prevención y Normativa del fuego, las funciones serían:
• La aplicación y supervisión del cumplimiento de la Ordenanza de Protección Contra Incendios en Cascos Históricos que se apruebe.
• Inspección e informe sobre la normativa contra incendios.
• El asesoramiento en materia de prevención y Protección Contra Incendios en Cascos Históricos.
En la Planificación y Protección Civil los cometidos deben ser:
• Realización e implantación de la Guía de Respuesta en Intervenciones en Emergencias en Cascos Históricos.
• Promover, supervisar y asesorar en materia de los Planes de Emergencias en Edificios de Casco Histórico, demandados por la Ordenanza, así como sus simulacros.
• Formación específica para bomberos y voluntarios en intervención en el Casco Histórico.
• Divulgación y concienciación de la población de los Cascos Históricos en materia de prevención y protección de incendios.
• Catálogo de riesgos en edificios del Casco Histórico.

Este Departamento realizará sus funciones bajo la dirección y supervisión de la Jefatura de Servicio correspondiente, y en perfecta coordinación con las Gerencias o Servicios Municipales de Urbanismo, dando debida cuenta de sus decisiones, por los cauces reglamentarios, a los Órganos que corresponda en cada caso: Comisión Municipal de Urbanismo, Junta Local de Protección Civil, o Comisión Provincial de Patrimonio.

El tercer pilar, último y más importante, sería la realización de un Plan Integral de Seguridad de Cascos Históricos, donde no solamente se evalué el riesgo de incendio, sino todos aquellos que puedan afectar al Casco Histórico, y por lo tanto al patrimonio, de modo que, una vez identificado el riesgo, podamos analizar sus consecuencias, y así poder tener preparada una infraestructura operativa y un protocolo de intervención específico para ese riesgo, con medios adecuados, donde se detectara la necesidad de contar con vehículos y medios adaptados para trabajar, así como los medios humanos necesarios para intervenir. Esto supone, en definitiva, conocer las medidas de protección para nuestro patrimonio.

Éste es el futuro seguro que hemos diseñado, con una herramienta de trabajo indispensable como es la Ordenanza, un equipo de trabajo que vele directamente por su cumplimiento, que sea un referente y pueda asesorar en cuantos problemas diarios acontezcan en la Protección Contra Incendios de nuestros patrimonio histórico, y planifique y desarrolle las intervenciones en las emergencias que puedan afectar a los mismos. Un futuro que pasa por el compromiso de todos y el apoyo público de la Administración a todos los niveles, tanto legal como financiero, porque cuando un incendio arrasa un patrimonio cultural, histórico o artístico de toda la humanidad no se puede recuperar, es irremplazable y nos quedamos sin algo que transmitir a las generaciones futuras despareciendo parte de las raíces de nuestra sociedad, de nuestra existencia.

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