| Trabajo cardiovascular del bombero:
Un enfoque global y proporcional |
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José Luis Barbero
Licenciado en Psicología de la Salud
Diplomado en Fisioterapia
Posgrado en Fisioterapia deportiva
Bombero del Consell Insular de Mallorca
Parece bastante obvio y es compartido
por la mayoría, que el corazón de un bombero
va a estar sometido a fuertes impactos a lo largo del ejercicio
de nuestra profesión, sin embargo, ¿sabemos
cómo poner este órgano a punto? y ¿somos
conscientes verdaderamente del riesgo que asumimos?
Los trastornos cardiovasculares (arritmias, anginas, infartos,
HTA,...) suponen aproximadamente un 40% de las bajas laborales.
Según la revista New England Journal of Medicine, el
verdadero enemigo de un bombero es su propio corazón,
siendo los accidentes cardiovasculares causa de la mitad de
las muertes de los bomberos en los EEUU.
ANÁLISIS FUNCIONAL DEL CORAZÓN DEL BOMBERO
DURANTE LAS EMERGENCIAS
En
nuestra profesión, son numerosas y variadas las situaciones
en las que se pone a prueba nuestra condición cardiovascular,
pasando de un nivel de actividad basal a otros de exigencia
y rendimiento máximos, con valores de RC (ritmo cardíaco)
y VO2 límites, dichas demandas vendrán determinadas
por multitud de factores, que podrían englobarse en:
Factores extrínsecos o inherentes
a la propia emergencia en sí, y que no dependen de
la actuación o nivel físico del bombero, como
sería la existencia de víctimas, riesgos potenciales
para el propio bombero (escape de gases, humo, fuego, derrumbes),
orografía del terreno cuando se acude a un rescate
en montaña o a un incendio forestal, el acceso a un
edificio en llamas a nivel del suelo o a través de
la escalera del edificio... infinidad de factores, que determinarán
un nivel de exigencia cardiovascular determinado.
Factores intrínsecos, aquellos sobre los que sí
podemos actuar de cara a optimizar nuestros propios recursos,
en este caso, podríamos hacer mención del riesgo
percibido por el propio bombero (nivel de confianza y expectativas
con que se atiende la emergencia en cuestión), qué
duda cabe que en nuestra profesión el nivel de experiencia
aumenta el nivel de eficacia y disminuye el desgaste físico
a través de una mejor dosificación de la propia
capacidad, los recursos personales (nº de profesionales
que van a atender el siniestro en cuestión) y/o materiales
de que se disponga (hay que tener en cuenta los avances tecnológicos)
para hacer frente a las diferentes emergencias, cada vez más
ligeros y ergonómicos, mejorando sus prestaciones,
lo que obviamente redundará en un mejor aprovechamiento
de las capacidades físicas del bombero).
No obstante y pese a los avances y comodidades tecnológicas,
quizá el factor más relevante sigue siendo,
en general, la condición física y en particular,
el nivel cardiovascular, pues es evidente que al bombero se
le va a exigir un rendimiento físico importante, con
una repercusión sobre el sistema cardiorrespiratorio
más que relevante, y que por tanto, no va a ser únicamente
una cuestión de responsabilidad profesional, sino
que de ello dependerá la integridad y/o seguridad propia
y de nuestros compañeros, debiendo atender las
emergencias con la mayor solvencia posible.
Es por ello, que el presente artículo pretende llamar
la atención sobre la importancia de realizar un trabajo
cardiovascular global (aeróbico, anaeróbico
láctico y aláctico) y proporcional para cubrir
con garantías nuestra actividad profesional.
En Julio de 1992, la Asociación Cardiaca Americana
añadió la atrofia cardiaca, que causa la inactividad
física, a la breve lista de mayores factores de riesgo
de enfermedades cardiacas. Por otro lado, la hipertrofia cardiaca
(corazón de atleta) puede tener lugar con independencia
de la edad y punto de partida inicial y es similar a la reacción
de cualquier músculo a un aumento de la carga de trabajo,
así, hemos de considerar estos factores como motivadores
de una puesta en forma cardiovascular adecuada.
FISIOLOGÍA DEL EJERCICIO CARDIOVASCULAR
Cuando se inicia una actividad física y hasta que se
consigue el equilibrio entre las demandas energéticas
y la producción de ATP, se recurrirá en función
de la intensidad de la demanda a tres vías principales:
la vía aeróbica (en suficiencia de oxígeno
60-75%) y las vías metabólicas anaeróbicas:
aláctica (fosfágenos >90%) y láctica
(glucólisis anaeróbica con producción
de lactato 75-90%). Esto ocasiona un desequilibrio y un déficit
en los depósitos de energía que habrá
que saldar una vez finalizada la actividad. De manera que
un entrenamiento que incluya todas las vías energéticas
descritas conllevará un menor consumo de lípidos
durante la fase de ejercicio que aquel en el que nos mantengamos
dentro de la vía exclusivamente aeróbica, pero
en el cómputo total incluyendo los mecanismos compensadores
post-ejercicio, el entreno global superará con creces
la movilización de las reservas energéticas
mostrando mayor rentabilidad y eficacia en la adaptación
cardiovascular frente a cualquier situación de necesidad.
En
definitiva, la carga de trabajo cardiovascular creará
una “deuda de oxígeno” en función
del esfuerzo realizado, que se habrá de reponer una
vez finalizado el ejercicio, periodo fundamental para la obtención
de beneficios y adaptaciones cardiovasculares, que serán
óptimos cuando el ejercicio exija de los tres mecanismos
básicos de obtención de energía (según
la intensidad y el tiempo de ejercicio), descritos anteriormente.
Para lo cual, hemos de establecer las diferentes zonas de
trabajo cardiovascular para cada individuo en concreto, deducidas
del correspondiente test (Ruffier, Rockport, Cooper,...) o
de la fórmula de Karvonen modificada (Cuadro 1).
ADAPTA EL TRABAJO CARDIOVASCULAR A TU PROFESIÓN
Y DISMINUYE RIESGOS
A partir del Cuadro 2, podemos construir nuestro propio programa
de ejercicio cardiovascular, englobando cada una de las fases
en su proporción correspondiente, independientemente
de la duración del programa de ejercicio:
De
esta manera, el tiempo de ejercicio o tipo de actividad pueden
variar sin perder los objetivos básicos de “proporcionalidad
y globalidad”, ahora bien, debemos ordenar las zonas
de trabajo adecuadamente.
Algunos ejemplos podrían ser:
Progresivo: Zona 1-2 + Zona 3 + Zona 4 +
Zona 5 + Zona 1-2
Fartleck: Zona 1-2 + Zona 4 + Zona 3 + Zona
5 + Zona 3
Interválico:
Zona 1-2
2-4 series en Zona 4 x (Recuperación)
2-4 series en Zona 5 x (Recuperación)
Zona 3
Por
recuperación se ha de entender el tiempo de descanso
activo (caminar y/o realizar ejercicios de flexibilidad),
necesario para alcanzar el pulso de la Zona 2 (70%).
Son numerosas las actividades cardiovasculares
que se pueden realizar, en función de la disponibilidad
del material, afinidad y/o habilidades personales, pero incluso
la actividad más accesible y económica, como
es “el caminar”, puede llevarnos a la franja anaeróbica
(>80%), simplemente alargando la zancada durante el período
recomendado, buscando un repecho que ascender sin bajar el
ritmo o incluso alternando algún ejercicio como las
flexiones de pierna como se ilustra en la fotografía,
cumpliendo así, el principio de globalidad en el trabajo
cardiovascular.
El R.C. máximo necesario para establecer
los % de intensidad a los que debo trabajar, pueden obtenerse
de forma teórica aplicando la fórmula de Karvonen
modificada:
(220 - Edad x 0’70) coeficiente corrector
para personas entrenadas.
Sin
embargo, podemos obtener resultados más fiables ejecutando
alguno de los tests existentes para valorar nuestra condición
cardiovascular. Es importante adecuar el test a las condiciones
físicas del momento, así, puede no ser aconsejable
la carrera o determinado nivel de esfuerzo dependiendo del
nivel del bombero en el momento de realizar la evaluación.
Para los casos en los que la puntuación
obtenida indique un nivel deficiente, habrá que ceñirse
a programas de corta duración (20’ a 30’
de actividades menos exigentes como caminar), aunque igualmente
efectuando cambios de ritmo o ascenso de rampas o escaleras,
para trabajar en todas las zonas y reevaluando cada 6-8 semanas
a fin de evidenciar cambios.
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