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"Y los ríos mostraron sus escrituras"
José Antonio Monago Terraza
Teniente Alcalde Delegado de Protección Civil de Badajoz



Ha llovido con odio sobre Badajoz. Esa maldita lluvia, larga, pesada y sin piedad, nos ha abofeteado a placer, a cantaradas, engarzada como un rosario interminable. Nunca había llovido así, con tan malsana intención. Las aguas bravas, gelatinosas y sucias han dejado su huella de barro y lodo por todas partes. También su huella de sangre. Y la foto fija de nuestra impotencia.

Así de expresivo fue el escritor extremeño, Tomás Martín Tamayo, al describir la riada que se produjo en la ciudad de Badajoz el pasado 5 de noviembre de 1.997. Probablemente, quienes como una marca indeleble tenemos ése triste día grabado en la memoria, no podamos describir con más precisión el impacto sobre nuestras conciencias de los hechos.

La pérdida de vidas humanas fue lo más grave. Más de mil familias vieron como quedaban destrozadas sus casas, sus ropas, su muebles, sus enseres,... Lo perdieron todo. Tuvieron apenas tiempo suficiente para huir de las aguas y el lodo que arrastraban cuanto cogían a su paso. Como suele ocurrir casi siempre en tragedias semejantes, los damnificados son familias sencillas, vecinos de los barrios más humildes de la ciudad de Badajoz.

En medio de tanto dolor y devastación, el mayor consuelo fue el de la solidaridad, que es la forma de compasión más efectiva. Desde las más altas instancias del Estado, pasando por Comunidades Autónomas, municipios y ciudadanos anónimos, llegaron testimonios de condolencia con las víctimas, y ofrecimientos de ayuda.

La tragedia se llamó Badajoz como antes Valencia, Murcia, Huesca o cualquier otro sitio donde una torrentera natural, una avenida fluvial seca o una rambla polvorienta edificada se convierten en pista rápida para el agua. Pensamos que el riesgo de inundación -como tantos otros- es un riesgo "de otras zonas" y comprobamos el axioma que aquello que pueda suceder, sucederá, quedando siempre por despejar la variable "cuándo".

Pero desde la impotencia de no poder hacer nada por las personas fallecidas, queda la satisfacción de haber trabajado en el rescate y auxilio de nuestros vecinos, y en la recuperación de la normalidad. El mérito ha sido de la sociedad civil y de la sociedad política, que desde aquella fatídica noche, se dieron la mano para mitigar el dolor y la desolación de tantas familias.

Personal profesional y voluntario, juntos, hicieron posible calificar como profesionales a los voluntarios, y engrandecieron la palabra profesional a quienes más allá de sus obligaciones, dieron su tiempo libre, de modo voluntario. Desde aquella aciaga noche, se demostró para muchos que ambas acepciones no son incompatibles, más aún, se reducen con demasiada frecuencia a un trasfondo retributivo nada acertado.

MOMENTOS ANTES
La previsión meteorológica anunciaba precipitaciones, ocasionalmente fuertes y tormentosas en las primeras horas del jueves 6 de noviembre.

La mayor parte del territorio de la Comunidad Autónoma de Extremadura estaba bajo la influencia del paso de una borrasca, que produjo precipitaciones excepcionales en la noche del 5 da la madrugada del 6 de noviembre. En Badajoz capital, las precipitaciones se registraron entre las 23:00 horas locales del día 5 y las 01:00 hora local del día 6.

Los máximos valores de las rachas de viento se registraron entre las 2:00 y las 4:00 horas locales, del día 6 de noviembre, alcanzándose valores en ocasiones superiores a los 110 km/h.

Analizados los datos obtenidos de los satélites meteorológicos y de la red de descargas eléctricas del INM, se pudo confirmar el hecho de que una borrasca muy profunda atravesó Extremadura con dirección suroeste-nordeste, penetrando en Badajoz, por la comarca de Los Llanos de Olivenza, fronteriza con Portugal, y abandonando Extremadura por las comarcas de Las Villuercas y Los Ibores en Cáceres, con dirección hacia el nordeste de España.

Desde las 22:00 horas del día 5, comenzaron a producirse cortes de carreteras en la región, acompañados de rachas de fuerte viento que arrancaban a su paso árboles, farolas y todo tipo de mobiliario urbano de la ciudad de Badajoz. A las 23:00 horas, se dispuso un servicio de vigilancia en las proximidades de los cauces de los ríos (Rivillas y Calamón) y del río Guadiana a su paso por la ciudad.

Ante las continuas noticias de situación de alarma en muchos de los pueblos de la provincia, se constituyó en la Delegación del Gobierno un "Gabinete de Crisis".

A las 24:00 horas, desde los vehículos policiales junto a los cauces de los ríos se informa que en esos momentos el Calamón y el Rivillas no presentan subidas importantes de nivel.

Aún así, permanecían atentos en esta misión de vigilancia. A las 0:55 horas, Funcionarios del CNP informan a los vecinos del Cerro de Reyes (una de las barriadas más afectadas) del posible riesgo que podían correr. Se les aconseja desalojar sus viviendas y abandonar la zona. Muchas de las personas, mayores, se niegan. También se les insta a que vayan avisando a los demás vecinos y se presenten ayuda unos a otros.

LA TRAGEDIA
Poco más de media hora fue suficiente, sin embargo, para sembrar de muerte y desolación las orillas de los ríos Rivillas y Calamón. El barro inundó las edificaciones construidas en las cercanías de los cauces, en su mayoría casas bajas.

La tromba de agua arrasó más de mil viviendas, hundió techos, arrancó de cuajo naves industriales y arrastró vehículos aparcados que empotró unos contra otros y contra las fachadas. Ríos que habitualmente observamos durante todo el año con poco más de un metro de ancho, alcanzaron más de 300 en algunos de sus tramos urbanos, sobrepasando los puentes, cuando no precipitándolos al fondo.

En la más completa oscuridad, ayudados tan sólo por linternas o generadores, los servicios actuantes de emergencias todavía fueron capaces de salvar numerosas vidas en peligro. Especialmente intenso fue el rescate que Buceadores de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil del Ayuntamiento de Badajoz realizaron a una familia completa y dos agentes del CNP que se encontraban en lo alto de un furgón policial, a punto de ser cubierto por las aguas. También, el realizado por un bombero pacense que, con la única ayuda de una cuerda de seguridad practicó sobre tres miembros de una familia que se encontraban en un vehículo que pudo ser arrastrado por las aguas, y tantas acciones que en la globalidad de una emergencia diluyen su importancia, pero que, de haberse producido en otro contexto, hubieran encumbrado a sus protagonistas.

Pero esa descripción de hechos, indudablemente relevantes, sería casi una insolencia no compartirla con otros grupos que, de forma constatable, realizaron acciones dignas también de nuestro reconocimiento. Me refiero a muchos integrantes de servicios y entidades, vinculados directa o indirectamente al mundo de las emergencias, como también a particulares que arriesgaron sus vidas. Todos, estuvieron donde se esperaba que estuvieran, a pie de cauce, de ahí que un vehículo de Bomberos, de Policía Local, de Policía Nacional y Protección Civil fueran arrastrados por las aguas.

Por si fueran pocos los problemas que se sucedían en la ciudad, a éstos se le sumaron el corte de fluido eléctrico y la interrupción de las comunicaciones telefónicas.

A LA MAÑANA SIGUIENTE...
El panorama no podía ser menos desolador. Lo que por la noche se intuía se presentó bajo un paradójico sol radiante a la mañana siguiente.

Desde primeras horas se constató el fallecimiento de 20 personas. Personal del Servicio de Protección Civil sobrevolaron el término municipal con el Servicio Aéreo de Rescate para valorar los daños, así como rescatar a las personas aisladas.

En el Servicio de Protección Civil se habilitó el depósito de cadáveres. Policía Científica, Médicos Forenses, Juez de Guardia y Voluntarios colaboraron en la identificación de los mismos.

Mientras, se preparaba la Capilla Ardiente en el Pabellón de Deportes de La Granadilla, donde el día 7, en presencia de S.A.R. el Príncipe de Asturias, el Presidente del Gobierno, el Presidente de la Comunidad y 5.000 personas se oficiaba el sepelio.

Uno de los trabajos de carácter marcadamente logístico fue el establecimiento de un Almacén General de Recepción y Distribución de Alimentos y Enseres. Personal de la Delegación del Gobierno en Extremadura y Voluntarios establecieron un único Almacén en una nave industrial de nueve mil metros cuadrados. El Almacén estuvo operativo desde las primeras 48 horas posteriores a la tragedia, y fue necesaria su habilitación para evitar la proliferación de pequeños almacenes que se iban aperturando en un gesto, que duda cabe solidario, pero también ineficaz.

El almacén fue controlado informáticamente en sus entradas y salidas, resultando un balance de reparto de 337.000 kgrs. de alimentos y enseres. En el mismo, se establecieron los modelos básicos de entrega a las familias, en forma de "kits de suministros": familiares, para lactantes...

Conforme la ciudad despertaba con la triste noticia, cientos de personas se dirigían a las zonas afectadas y a los servicios actuantes ofreciendo su ayuda y colaboración. En estos momentos se produjo una segunda riada, la de la solidaridad.

UNA NOCHE DE PÁNICO
Tres días después de la inundación, se vivieron momentos de pánico en las zonas afectadas. Como un reguero de pólvora se transmitió la noticia de la rotura de una presa. Esa verdad que se tenía como irrefutable en el desarrollo de las emergencias, conocida como "principio colaborador" de las personas y afectados, alejado de pasiones e histerias, se truncó para muchos que fuimos testigos del suceso.

Probablemente una información mal transmitida, un comentario desacertado o una interpretación errónea en un momento determinado, pudo originar que en forma de cascada se transmitiese una falsa alarma de consecuencias también trágicas.

En las zonas afectadas, al conocerse el rumor, se produjeron accidentes de vehículos, carreras, histerias e infartos. Una persona de avanzada edad murió al conocer la falsa noticia. Muchos ingresos hospitalarios colapsaron las urgencias del Hospital Regional de la ciudad.

La rápida intervención de los servicios de emergencia -policía nacional, bomberos y policía local-, con la ayuda de la megafonía de los vehículos ayudaron a frenar el problema. El Delegado del Gobierno en Extremadura emitió urgentemente un comunicado a través de los medios de comunicación de ámbito local, regional, y nacional -en esos momentos se transmitían partidos de fútbol-, al objeto de desmentir la situación.

Una hora después se superó la situación; el efecto de la noticia, días después de la inundación, probablemente sería muy interesante abordar desde la óptica del impacto psicológico a la población afectada.

AL DÍA DE HOY
Al día de hoy sabemos que no podemos recuperar a 21 vecinos de la capital, que fueron 1200 las edificaciones afectadas, que los daños al patrimonio municipal fueron superior a los mil millones de pesetas, que se están construyendo 1200 viviendas para realojar a familias que hoy día viven en casas de alquiler o prefabricadas del IVIMA de la Comunidad de Madrid, que las actuaciones sobre los arroyos a su paso por Badajoz suponen un montante de inversión en torno a los 5000 millones...

Sabemos que hay que recuperar la normalidad ciudadana, y que hay que seguir trabajando en una sociedad más segura.

También hemos comprobado que el papel del voluntariado puede ser altamente positivo y que es un error pensar que todo se arregla desde una óptica "profesionalizada" de los servicios de emergencia, porque, cuando ésta se desata, todos aún son pocos.

No todo fue fácil. Los servicios de emergencias se dimensionan para situaciones de normalidad y no para situaciones extraordinarias, de ahí su insuficiencia, y de ahí el término catástrofe. Las personas también muestran en la adversidad su cara más amable y su cara menos sociable, por ello la necesidad de contar con profesionales de los servicios sociales.

Por último, después del aplauso a los actuantes y a las administraciones, como tantas veces, viene caminando la procesión de reclamaciones y la necesidad de enjuiciar las actuaciones previas, enjuiciamiento que se restituye para algunos con dinero. Y en esas estamos ahora...



 

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