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| Vuelta y Vuelta: La aptitud
física |
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Pedro Anitua
Leía hace tiempo en una revista de Emergencia 112 el
resultado de una encuesta que se realizaba en la página
web de la APTB, en la que la pregunta era: ¿Se debe exigir
y controlar periódicamente un mínimo de aptitud
física a todos los bomberos?
No creo que sea necesario decir que este tipo de encuestas no
pretenden tener rigor científico y por lo tanto no hay
que buscarlo, pero sí que me llamó la atención
de forma significativa el resultado. El 98% de las respuestas
se inclinaba por el SÍ y sólo un 2% decía
NO.
Ha sido, y éste sí que es un dato estadístico
riguroso, la encuesta con mayor diferencia, entre el sí
y el no, de todas las realizadas por la Asociación en
este formato.
¡Algo querrá decir!
De todos es conocida la imagen que el ciudadano tiene del bombero
actual como trabajador de élite. Quizás no sea
así, pero no creo que se pueda cuestionar que el trabajo
de bombero es duro, tiene riesgo, es muy exigente... en fin,
que cuando vienen mal dadas, aquellos o aquellas que están
debajo del casco tienen que dar unas respuestas físico-psíquicas
que no siempre resultan exigibles al trabajador promedio.
Partamos por tanto de la premisa de que, para poder realizar
ese duro y arriesgado trabajo, tanto la preparación física
como el control médico de salud laboral debieran ser
una parte incuestionable de los requisitos de seguridad del
bombero.
¿O no? Porque claro, si no estamos de acuerdo con el
punto de partida
Supongamos por un momento que estamos todos de acuerdo
sí sí, incluso los del 2%, supongamos que todo
el mundo-mundial está de acuerdo con que la preparación
física es fundamental.
Parece lógico que, si esta preparación, y por
tanto su control, son requisitos de seguridad del bombero y
la seguridad del trabajador siempre debe de ser lo primero,
tendremos que poner las medidas necesarias para abordarlo.
¡Cuidado! Estas medidas no son las que nos gustan o nos
convienen
, son las medidas que resulten necesarias.
¿Cuál sería la solución?
A simple vista parece fácil. Se ponen unas pruebas físicas
por edades con realización anual obligatoria, diseñadas
y supervisadas por especialistas.
Y si
(nos suena esto del y si ¿verdad?)
alguno no llega al mínimo ¿qué?
Pues habrá que estudiar individualmente cada situación,
pero al menos se le tendrá que advertir, se le tendrá
que comunicar, ¡que lo sepa y que tome medidas! Como cuando
le da alto a alguien el colesterol o la tensión.
Sin embargo esto tan sencillo no se hace. ¿Qué
pasa? ¡That is the question!
Parte del problema, desde luego, puede ser la resistencia a
la exigencia.
Me decía un compañero que algunos representantes
de los trabajadores le comentaban que, estando de acuerdo en
la conveniencia no compartían la exigencia
y proponían la voluntariedad para las pruebas, ya que
en ningún puesto de la administración local se
examina regularmente al funcionario para ver si se mantiene
en condiciones de prestar correctamente su trabajo.
Las preguntas que surgen inmediatamente son: ¿También
se juega la vida ese funcionario? ¿De las condiciones
físicas de ese funcionario depende la seguridad de otros?
¿Tiene que entrar ese otro funcionario a los sitios con
riesgo de los que los demás salen? ¿Tiene ese
funcionario tiempo en su jornada laboral para hacer preparación
física?, etc.
Porque ¡cuidado!, estamos en un sector en el que la seguridad
aparece, y se utiliza, de forma demagógica cuando conviene,
pero sin embargo nos olvidamos de ella si nos incordia.
Desde luego no vamos a arreglar el problema desde estas líneas
pero sí quizás convenga darle una vuelta
al tema y estudiarlo con todas las connotaciones y particularidades
que procedan a fin de encontrar la fórmula adecuada consensuada,
para que cada bombero tenga periódicamente un seguimiento
riguroso tanto médico como físico que prevenga
un posible accidente.
¿Abordaremos esta cuestión? ¿Tomaremos
medidas preventivas? ¿O nos conformaremos con la tradicional
búsqueda del culpable cuando pase algo?
Al final es lo de siempre ¿Se le pone cascabel
al gato?
Porque recuerda, ¡los ratones también estaban todos
de acuerdo!
Por ello pienso que quizás en este caso, que estadísticamente
parece tan claro, lo que ha tenido que pasar, para que no se
haga nada en la mayoría de los sitios, es que también
además de los ratones han votado los gatos
¡y
son el 2%!
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