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Vuelta y Vuelta: La Maligna Jefatura
Pedro Anitua

Eres nuevo, o nueva. Acabas de llegar al parque tras una dura oposición y te dicen que te van a presentar a “Él”.


Posiblemente le hayas visto un par de veces haciendo alguna apreciación o comentario durante los exámenes de las oposiciones, aunque nunca has tenido contacto directo. Sin embargo sí has oído hablar bastante de “Él”. Has charlado con varios veteranos del Servicio y efectivamente se cumplen tus peores presagios. Es verdad que muchos sólo han dicho un ¡bah, es como todos! Pero algunos han sido más explícitos en las críticas, y hay uno que se ha explicado largo y tendido y ¡de qué forma! “Miserable, vil, insensible, despiadado, inhumano, despreciable...”.
¡Ehhhh, que ya vale!, tampoco se trata de agotar el diccionario, no te pases, que ya lo entiendo.


No obstante cuando has intentado concretar el tema en alguna acción específica tampoco has tenido mucho éxito. Pero da igual, ya sabes lo que te espera, un buen trabajo, quizás la ilusión de tu vida, pero siempre con alguien dispuesto a amargarte la existencia y hacer de tu vocación un infierno, “Él”.


Sigues esperando a la presentación y en esos momentos de inquietud, oyes un ¡que llega! y lo ves avanzar a lo lejos por el pasillo, y aunque lo ves de azul, te lo imaginas vestido de negro, con su capa flotando en el aire, oculto tras su máscara también negra, mientras la música de “La marcha imperial” de la Guerra de las Galaxias retumba por el parque. ¡Es Darth Vader!, “el lado oscuro de la fuerza”, es… “El Jefe”.
Han pasado algunos años, y al Jefe ya lo conoces bien y la verdad no te parece que fuera para tanto lo que te dijeron al principio, y a veces hasta te cae bien. Sí, ya sé que no puedes decirlo en público, porque en seguida alguien te acusará de colaboracionista, vendido y traidor, pero estás contento con el trabajo y crees que en general las cosas marchan aceptablemente. Tampoco has tardado en observar que, con la colaboración de todos, se podrían hacer fácilmente mucho mejor.


Has averiguado también cuál es la historia de aquel veterano que despotricaba hasta agotar los sinónimos. Le expedientaron porque, llevando seis meses de baja por unos supuestos dolores de espalda, apareció, en la prensa deportiva, que había quedado segundo en el “Campeonato del mundo mundial de travesía al Polo Norte andando” durante el cual estuvo arrastrando un trineo sin perros durante cuarenta días a 30 grados bajo cero y cazando focas para sobrevivir. Y allí estaba en la foto, contento aunque demacrado, levantando el trofeo. Y… le expedientaron, y la culpa fue… del Jefe, ¡maldito Jefe!, incapaz de entender la hazaña y el valor del esfuerzo.


Sigues en el Servicio y has ido progresando en él. Te gusta. Crees además que puedes aportar muchas cosas, entre ellas ideas e ilusión. Muchos de tus compañeros piensan que estás loco, que para la diferencia que pagan por lo que haces no merece la pena el “marrón” de ascender. Pero a ti te gusta y sigues adelante. Hace tiempo que calculaste que el precio, por hora dedicada al trabajo, va disminuyendo a medida que asciendes, pero tienes un problema grave, tu trabajo te gusta. ¡Qué le vas a hacer!


Ya han pasado bastantes años y estás donde muchos no han querido hacer el esfuerzo para estar. Te rodea en general buena gente. ¡Muy buena gente! Tienes un Servicio serio y profesional, pero sigues pensando que, con algunos cambios estructurales, las cosas se podrían hacer mucho mejor. Sigues viendo que la prioridad muchas veces no es la del Servicio al ciudadano. Y lo dices…, y alguno te mira con recelo y te recuerda por lo bajo que “si quieres guerra la tendrás...”.
Menos mal que sí es verdad que la inmensa mayoría de la gente responde ante el siniestro. Pero, ¡qué fácil sería hacer las cosas mejor!
Ha pasado el tiempo, y desde ese extraño lugar que ocupas, tienes que ir a saludar a los nuevos de la última promoción. Te vas acercando, les ves las caras. ¡Ya sabes lo que piensan! Llegas a ellos y ellas, levantas la mano para saludar y les dices con una media sonrisa, ¡Bienvenidos al Servicio! Soy… “La Maligna Jefa-tura”, y en silencio pides interiormente... “¡Que la Fuerza me acompañe!”.

Nota: Tanto los lugares y las situaciones, como los personajes del texto son de ficción. La narración se corresponde únicamente con un ejercicio literario, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia .

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