| Llamaradas:La eficacia de las campañas de prevención de incendios a debate |
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Julio Garcés
Bombero de Madrid
Llevo 26 años trabajando como bombero y en todo este tiempo he podido observar los terribles efectos que produce el humo y el fuego, pero también he observado el nerviosismo e histerismo de las personas que se han visto sorprendidas por ambos. Unas veces por imprudencia y ótras por falta de información.
Muchas vidas se habrían podido salvar si hubiera habido una preparación o formación de cómo comportarse ante situaciones imprevistas.
Gran parte de los siniestros producidos por el fuego, podrían haberse evitado o, al menos, haberse rebajado sus catastróficos efectos, si aquellas personas que se enfrentaron a ellos hubieran tenido una adecuada información previa de cómo prevenir un incendio o al menos cómo deberían haberse comportado al enfrentarse a él.
Porque ¿no es cierto que el miedo se produce o se intensifica al enfrentarnos a situaciones desconocidas? No hay cosa más peligrosa que la fuerza del miedo.
Unas veces por desconocimiento, ótras por exceso de confianza o imprudencia, lo que está claro es que si el ser humano conociera más profundamente cómo prevenir un incendio o cuál debería de ser su comportamiento, sería capaz de minimizar los efectos del mismo. La ecuación es sencilla: mayor conocimiento es igual a menor riesgo o menor gravedad de los efectos.
Todos somos libres de aprender lo que queramos en el grado de profundidad que deseemos, pero es un deber de los que velamos por la protección y la seguridad ciudadana, el poner al alcance de todos la información necesaria para que nuestras vidas y las de nuestros conciudadanos no sean puestas en peligro.
Si bien es cierto que se realizan campañas de prevención, también lo es, que se realizan de manera muy puntual y sin mucha repercusión social. Desde algunos Ayuntamientos e Instituciones políticas se han elaborado, publicado y distribuido numerosos folletos informativos sobre prevención y comportamiento en caso de incendio.
Pero las campañas finalizan ahí, en una presentación a bombo y platillo, sin realizar un seguimiento posterior para analizar su repercusión y lo más importante, su asimilación por parte de la población.
Un seguimiento sencillo mediante cuestionarios no muy extensos, pero sí perfectamente formulados, nos permitiría, no sólo analizar los resultados de las campañas en concreto, sino elaborar otras nuevas, basadas en un mayor conocimiento de las carencias de la sociedad en todos los temas referentes a la prevención y actuación ante un siniestro. En definitiva, las nuevas y sucesivas campañas deberían estar diseñadas de tal manera que su efectividad fuera mayor con el fin de que el ciudadano viera incrementada su cultura de prevención y actuación ante un siniestro.
En este sentido, también es cierto que se organizan visitas de los colegios a los parques de bomberos, o viceversa, pero todos sabemos que estas visitas en la mayoría de los casos se quedan en un mero acercamiento del niño al mundo del bombero como profesional. Se pierde una gran oportunidad de comenzar una campaña de prevención en los más pequeños, que son los mayores del mañana.
No podemos olvidar que el mejor profesional que puede llegar al público infantil y advertir de los peligros que encierra el fuego es “el bombero”.
Los niños son una gran baza para educar en prevención, pero muchas veces la desperdiciamos limitándonos a enseñarles nuestras equipaciones, llenándoles el patio del colegio de espuma o mostrándoles lo fuertes que están los bomberos subiendo a pulso por una cuerda.
Los destinatarios de las campañas de prevención deberían ser todos los colectivos que forman nuestra sociedad. Pero hay que tener claro que las campañas no pueden tener un sentido comercial ni político, sino “educacional”, por lo que debería tener un peso especial la formación de los más jóvenes, tanto en el ámbito escolar como en el familiar.
Pensemos también que los más pequeños son los perfectos vehículos transmisores para llegar a sus familias.
En la escuela lo tenemos realmente fácil, porque el bombero es escuchado por los niños, que le miran con absoluta admiración. ¡¡Aproveché-monos de ello!! Sólo tenemos que unificar criterios y crear en cada Cuerpo de Bomberos un grupo especializado con dotes para la enseñanza dispuesto a recorrer, si fuera necesario, todos los colegios de cada población.
Charlemos con los niños, simulemos una evacuación, entreguémosles un manual básico de prevención y actuación, junto con un carné de Bombero Infantil que les haga sentirse importantes. En definitiva, utilicemos la imagen que los niños tienen de los bomberos para que éstos puedan transmitir sus conocimientos y consejos sobre el comportamiento que se debe de tener en una situación de riesgo.
Si conseguimos llegar a los niños, llegaremos también a sus padres que recibirán el manual de mano de sus hijos. Un manual en el que se hable de cómo y por qué se produce el fuego, cómo evitarlo y cuál debe de ser nuestro comportamiento y cómo enfrentarnos a él.
Lleguemos al niño de verdad, pero concienciemos también a los mayores.
Periódicamente se realizan campañas de prevención de accidentes de tráfico a nivel nacional pero ¿y contra incendios? En verano vuelven a la palestra los incendios forestales. Se habla de no tirar las colillas al monte, de apagar bien las hogueras y fuegos domésticos, pero ¿existe verdadera conciencia de ello?
No existe porque las campañas escolares no son todo lo provechosas que deberían y porque las campañas de marketing son escasas y puntuales. Y, amigos, en estos casos lo que está en juego es nuestra vida y la de nuestros vecinos.
Creo, sinceramente, que la cosa es seria y que no se está haciendo todo lo que está en nuestras manos.
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