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La Fatiga Física como factor de riesgo en los Servicios de Emergencia
Carlos E. Bazar Ferrero
Cabo-bombero
Enfermero y Técnico Superior en PRL
Parque Bomberos de Cartagena

En estos últimos años la profesión de bombero ha adquirido muchas más competencias que la propia de apagar incendios, entre ellas las intervenciones en accidentes de tráfico, incidentes con mercancías peligrosas, rescates, fuegos forestales... La imagen del bombero tradicional ha dado paso a nuevos profesionales preparados para afrontar todo tipo de desastres.

El presente trabajo recoge los resultados de un estudio sobre la capacidad de respuesta en momentos de agotamiento físico bajo situaciones de riesgo vital. Se llevó a cabo durante el periodo de 2004 - 2005 en el Parque de Bomberos de Cartagena sobre 20 bomberos de percha1 de distinta categoría y experiencia.

Objetivo: demostrar que la capacidad de respuesta y de toma de decisiones se ve mermada cuando aparece la fatiga física en situaciones de riesgo.

Metodología: para valorar la capacidad de respuesta se realizaron cuatro cuestionarios de 20 preguntas, con distintos tipos de preguntas adecuadas al parámetro que se quería valorar en 4 situaciones distintas: reposo, fatiga física, situación de riesgo y fatiga física más situación de riesgo.
Para valorar la fatiga física se utilizó un pulsómetro que indicaba, en función de las pulsaciones mantenidas, cuándo aparecía la fatiga.

Resultados: los resultados de los test en tanto por ciento de respuestas acertadas fueron de: 92% en reposo; 76% con fatiga física; 83% en situación de riesgo; un 61% bajo fatiga y riesgo. Se observa cómo hay un descenso significativo en las preguntas correctas cuando se unen fatiga física y riesgo vital, bajando en un 15% los aciertos con referencia a cualquiera de las otras situaciones.

Conclusiones: según el resultado de los cuestionarios en la distintas situaciones se observa la necesidad de mantener la condición física, de tal forma que se retrase el punto de fatiga y de esta manera mantener la mente lúcida el mayor tiempo posible para poder hacer frente con garantías a aquellas situaciones que exijan de nosotros algo más que valor.

Palabras clave: riesgo, condición física, capacidad de respuesta, reposo, percepción del riesgo, bombero especialista.

Cualquiera que tenga menos de 35 años puede acceder al Cuerpo de Bomberos, pero para ello es necesario superar unas oposiciones que todos los expertos califican de muy duras, sobre todo por las pruebas físicas: flexiones de brazos en barra horizontal, trepar en un tiempo máximo por una cuerda lisa sin impulso y sin ayudarse de piernas, buceo y natación, son sólo algunas de ellas.

PRUEBAS FÍSICAS BOMBEROS
Son duras porque hay mucha competencia entre los aspirantes; algunos consiguen marcas casi olímpicas.

En un incendio urbano, por ejemplo, el profesional debe ser robusto y explosivo, como un corredor de cien metros lisos; en un fuego forestal debe ser resistente para aguantar incendios de veinticuatro horas.

No hace falta medir un metro noventa y pesar noventa kilos, sino ser una persona equilibrada, ni muy alta ni muy baja, ni muy gruesa ni muy delgada.

La dureza también reside en estar muy bien preparado psicológicamente para enfrentarse a un siniestro en cualquier momento.

Sin embargo, a lo largo de mis años como bombero he podido observar cómo compañeros que entraron en el cuerpo hechos verdaderos atletas, con el paso del tiempo se han ido convirtiendo en verdaderas bombas de relojería, poniendo en riesgo su vida, la de sus compañeros y lo que es aún más penoso, la de las personas a las que iban a ayudar.

Un bombero cansado, es un bombero menos sentado en la acera de enfrente, pero un bombero cansado y trabajando es un riesgo para todos.

AGOTAMIENTO FÍSICO
Es inevitable que el cansancio haga acto de presencia ya que el trabajo, el stress térmico y emocional al que son sometidos, desgasta las reservas energéticas con rapidez, pero una persona entrenada y en buena forma física retrasa este punto de fatiga hasta el final de gran parte de nuestros servicios, una persona abandonada físicamente está cansada al bajarse del camión y exhausta 5 minutos después de empezar a trabajar.

La rutina, el exceso de confianza y la falta de preparación, forman un cóctel peligroso, que sin duda es la causa principal de accidentes dentro de los Servicios Contra Incendios.

Actualmente son muchos los Servicios de Bomberos que son conscientes del problema que supone la falta de formación física y de una u otra manera intentan ponerle solución, bien sea a través de incentivos económicos, obligación de hacer gimnasia durante la guardia, con la contratación de monitores particulares y en algunos casos con la amenaza de retirada de la escala operativa para pasar a tareas de oficina o mantenimiento.

Sin embargo todavía no existe una concienciación clara y extendida del bombero de a pie, que busca cualquier excusa para evitar someterse al ejercicio físico continuado, recurriendo si fuera necesario a los sindicatos correspondientes.

Este trabajo, aunque destinado específicamente a bomberos, puede extrapolarse a otras profesiones donde, a priori, la condición física no parece tan importante, como puedan ser policías, personal de emergencias sanitarias (médicos, enfermeras, técnicos…) militares, etc.

En el desarrollo de su trabajo pueden encontrarse con situaciones de una gran demanda física para las que tienen que estar preparados -imaginemos a ese policía exhausto que ve impotente cómo el caco se le escapa porque no puede seguir corriendo o que tiene que hacer frente a un tiroteo después de una larga carrera y que su mente no le responda debido al cansancio-.

OBJETIVOS
Objetivos Generales
• Demostrar que la condición física puede alterar la capacidad de respuesta en situaciones de estrés vital.
• Determinar como factor de riesgo la falta de preparación física en servicios de emergencia.

Objetivos Específicos
• Concienciar al trabajador de la importancia de una buena preparación física.
• Incentivar al trabajador para que alcance y mantenga su forma física en condiciones adecuadas.
• Generar la necesidad de controles periódicos y obligatorios de salud que integren pruebas específicas para valorar la condición física.
• Formar al trabajador para que sea capaz de desarrollar su propio programa de mantenimiento.

DESARROLLO
Material y método
Para desarrollar el estudio de cómo influye la fatiga física en la capacidad de respuesta del individuo bajo situaciones de tensión y/o riesgo, se desarrolló un test sencillo de 20 preguntas, formado por distintos tipos de cuestiones que evalúan la capacidad de atención, de concentración, resolución de problemas, carga de stress, etc.

En total se desarrollaron cuatro de estos cuestionarios con una estructura y dificultad similar, para realizarlos en las distintas situaciones posibles que se plantearon, con el fin de poder contrastar, en función de las respuestas, si efectivamente la capacidad de resolver problemas y de tomar decisiones se veía alterada en determinadas ocasiones y en qué medida.

El tiempo disponible para completar el cuestionario se fijó en 10 minutos para evitar que en las pruebas de riesgo, colgados del arnés, pudieran aparecer lesiones o el llamado “síndrome del arnés o trauma de suspensión”, que afecta no sólo a deportistas, sino también a trabajadores que tengan que estar suspendidos en altura.

Esta patología aparece por una acumulación de sangre en las extremidades al estar suspendido en el aire. Como consecuencia, la sangre no puede llegar al corazón y se puede producir la muerte en pocos minutos e incluso en horas o días posteriores.

Una vez se descuelga del arnés también puede ocurrir que la sangre que había estado acumulada en las extremidades llegue de golpe al corazón y se produzca el fallecimiento.

No pensamos que esto pueda suceder pero en previsión de estas u otras lesiones, se ha optado por rebajar el número de cuestiones, reduciendo de esta forma el tiempo de permanencia colgados y por tanto el riesgo.

Las situaciones que se plantean son las siguientes:
• Situación 1: En reposo, tranquilamente, en el aula del parque de bomberos se pasó el cuestionario, sin límite de tiempo, transmitiendo tranquilidad.
• Situación 2: En situación de fatiga física. Para alcanzar la fatiga fue necesario someter a los voluntarios a un circuito de ejercicios equipados con EPI de nivel 0, sin ERA2.

Dicho circuito consistía en:
- Correr alrededor de las instalaciones del Parque (200 m aprox.).
- Subir hasta un primer piso en la torre de prácticas por una escalera doble.
- Una vez en la 1ª planta coger 2 mangas de 45 mm y subirlas hasta el 7º piso corriendo.
- Bajar también corriendo y completar la vuelta al parque.
Se daban entre 5 y 10 vueltas completas, en función de la preparación física con la que se partía.
Para asegurar el estado de fatiga se utilizó un pulsómetro que registraba el ritmo cardiaco de forma constante, ajustado de forma individual para que sonara la alarma acústica en caso de sobrepasar las pulsaciones máximas de cada individuo (calculadas con anterioridad a la prueba).
Se consideró que la fatiga se alcanzaba cuando las pulsaciones, una vez acabado el circuito se mantenían entre 120 y 130 lpm.
El circuito concluía en el aula, lugar donde de forma inmediata se completaba el segundo cuestionario.

• Situación 3: En situación de riesgo. Ésta fue sin duda la situación más difícil de determinar. Después de estudiar varios supuestos se optó por reproducir un escenario de rescate en altura.

Para ello se descolgaron dos cuerdas desde la azotea de la torre de prácticas, ambas con reuniones independientes y fijas a la estructura del edificio.

La primera con una longitud de 5 metros con un nudo tipo ocho al final de la misma, como medida de seguridad.

La segunda discurría de la azotea al suelo.

Equipados con el EPI más el arnés de seguridad del equipo (descensor tipo Stop, cabo de anclaje, mosquetones, etc).

La prueba consistía en descolgarse por la primera cuerda hasta unos dos metros por debajo del borde de la azotea, bloquear el descensor, tomar una planilla descolgada con anterioridad desde arriba con el cuestionario y contestar a todas las preguntas.

A continuación asegurarse a una argolla de la facha de la torre y cambiar de cuerda para continuar el descenso hasta el suelo.

El factor de stress vital se consigue de esta forma de una manera doble, primero estando colgado de una cuerda que se acaba unos metros por debajo nuestro a 30 metros del suelo. Y en segundo lugar el cambio de cuerda, una vez resuelto el cuestionario, que no se suele practicar a menudo por ser una maniobra compleja y que siempre resulta estresante, añadiendo de esta forma más tensión a la hora de resolver el test.

• Situación 4: Esta última prueba consistía en una combinación de las dos anteriores.

En primer lugar se completaba el circuito de resistencia física acabando esta vez en la azotea de la torre y acto seguido, se descolgaban por la primera cuerda, repitiendo la maniobra de asegurar el descensor, completar el test, cambio de cuerda y descenso.

Entre la tercera y cuarta prueba se dejó pasar un tiempo mínimo de tres meses para evitar el acomodamiento al estimulo que supone repetir en un corto periodo de tiempo la prueba de estrés vital.

Para minimizar el riesgo en las pruebas se contó con:
La prueba física fue supervisada por un compañero diplomado en educación física.

La prueba de riesgo de descenso fue controlada por el equipo de rescate vertical del parque de bomberos.

Se contó con una ambulancia de Soporte Vital Básico de Protección Civil con un conductor, un técnico sanitario y un enfermero.

LOS CUESTIONARIOS
Los test se elaboraron mezclando varios tipos, de tal forma que con la mezcla de éstos se consiguiera valorar si efectivamente las distintas situaciones en que se realizaban hacían que los resultados de éstos variaran.

En principio las preguntas que se eligieron de cada tipo fueron buscando la sencillez y facilidad de respuesta, de tal forma que la prueba no fuera sesgada por la dificultad de las mismas, ni por las condiciones intelectuales de cada individuo.

Los test que sirvieron para elaborar los nuestros fueron:
• Test de atención y percepción
Este tipo de test, miden capacidades tales como la rapidez al hacer una tarea de forma precisa y la resistencia al desgaste, ya que nos obliga a realizar tareas rutinarias pero que requieren de un gran nivel de atención y concentración con la dificultad añadida de la limitación temporal.

En este caso hay que comprobar si las palabras que aparecen a derecha e izquierda en cada fila son iguales o distintas.

• Test de cultura específico
El contenido en preguntas de estos cuestionarios guardan relación directa con temas técnicos de bomberos eligiendo preguntas sencillas al alcance de cualquiera.

• Test de razonamiento lógico
Este test evalúa la capacidad de razonamiento sencillo, con él se pretende evaluar el funcionamiento lúcido de las relaciones mentales, así como la atención y percepción.

• Test de Inteligencia General de R. Bonnardel
El objetivo es establecer la inteligencia del seleccionado según la compresión de las ideas, la lucidez en el análisis, la objetividad y la pertinencia del juicio.

RESULTADOS
De las cuatro pruebas que se desarrollaron, la más compleja fue sin duda la que combinaba fatiga física y riesgo vital y fue en ésta donde el número de respuestas acertadas resultó ser más bajo, estableciéndose unas diferencias significativas con el resto.

El segundo peor resultado fue la prueba que se realizó solamente con fatiga, acentuando aún más la necesidad de retrasar el punto de fatiga con el mantenimiento de una buena forma física.

Por último la diferencia entre la prueba en reposo y la de riesgo vital fueron en las que menos discrepancias se produjeron, alcanzando un porcentaje muy alto de preguntas correctas, debido en parte a que los test eran muy sencillos, ya que no se intentaba evaluar cuántos conocimiento se tenían ni qué C.I. se alcanzaba, sino medir si la capacidad de pensamiento lúcido se veía afectada si uníamos el cansancio a la sensación de riesgo.

Situación que en los servicios de emergencia se da a menudo y que no se le presta la atención necesaria, achacando el error a otros factores sin reparar en la importancia que tiene el mantenerse “fresco”.

Que en la prueba de riesgo vital no se vea demasiada afectada la capacidad de raciocinio es un dato que no debe sorprender, pues el personal de bomberos se enfrenta a situaciones de riesgo casi a diario, produciéndose una acomodación al estímulo que supone este riesgo. Quedará para otra ocasión el determinar si el bombero es adicto al riesgo, a las hormonas que se generan cada vez que suena la señal de alarma.

MEDIDAS POSIBLES A TOMAR
Una vez confirmado e identificado el riesgo siguiendo las directrices de la LPRL 31/95 en su Art.15 deberíamos eliminarlo o al menos controlarlo.

Para ello se proponen las siguientes medidas:
• Formación e información a los trabajadores con el fin de que conozcan el riesgo al que se exponen en el caso de abandonar su mantenimiento físico.
• Reconocimiento físico específico dirigido a detectar el estado de forma física de los trabajadores (prueba de esfuerzo) con el fin de evaluar su aptitud para el mismo.
• Adaptar el trabajo al trabajador; a aquellas personas que no pasaran la prueba de esfuerzo se les debería destinar a otras ocupaciones que no fueran salidas a emergencias, destinándolos a labores de oficina, mantenimiento, etc.
• Contratar un especialista en educación física que actúe como asesor para quienes lo deseen o como monitor para aquellos que lo necesiten, con programas específicos para cada grupo de trabajadores expuestos.
• Evaluar las instalaciones deportivas y en consenso con los trabajadores completar o añadir aquellas que fomenten el ejercicio.
• Incentivar económicamente el mantenimiento del estado de forma con pruebas adaptadas a la edad y capacidad del trabajador de forma anual.

CONCLUSIONES
Si existe un trabajo donde la prevención de riesgos toma mayor importancia, éste es el de bomberos; aunque es cierto que las características particulares de nuestro trabajo determinan que muchas de las premisas que defiende la LPRL 31/95 no se puedan cumplir.

En general no se puede eliminar el riesgo, pues en nuestro oficio “vivimos del riesgo”, pero sin embargo sí se puede, en la medida de lo posible, reducirlo a las circunstancias externas que nos depare la emergencia.

Un buen Equipo de Protección Individual de última generación, unos protocolos de actuación y una formación adecuada, son la base para que el riesgo se minimice.

Si a estas condiciones le sumamos un departamento de prevención de incendios dedicado al control e inspección de empresas, locales y viviendas, amparados en una normativa adecuada y exigente, a la vez que posible y necesaria podemos de alguna forma reducir al mínimo el riesgo intrínseco que tiene el trabajo de bombero.

Ante este panorama una de las principales medidas que tiene el profesional de los servicios de emergencia es mantener, sin duda alguna y como ha quedado demostrado, una condición física que garantice que vamos a ser capaces de retrasar el punto de fatiga el mayor tiempo posible, manteniendo de esta forma la mente lúcida y la capacidad de raciocinio en las mejores condiciones, por lo menos para saber hacia dónde hay que correr.

Desde las jefaturas de los parques de bomberos, así como desde las instituciones que los gobiernan deben estar concienciados para proporcionar los medios y mecanismos necesarios para garantizar que todo bombero que salga a una emergencia tenga la formación teórica, práctica y como queda demostrado, física, para asegurar que el rescatador nunca se convierta en víctima.

Los test utilizados en esta prueba se encuentran disponibles en: www.aptb.org/fatiga.pdf







BIBLIOGRAFÍA
• LUIS GUADAÑO TAJUELO. Manual de seguridad del Bombero: Guía para la prevención de los riesgos profesionales. Madrid: MAPFRE,S.A. 1996. ISBN: 84-7100-898-X.
• JESUS TUREL CARDONA. Manual del Bombero: técnicas de actuación en siniestros. Madrid: MAPFRE, S.A. 1994. ISBN 84-7100-961-7.
• IGNACIO MÉNDEZ - TRELLES DE TEJO. Preguntas y soluciones técnicas para bomberos. Oviedo: Centro de estudios de seguridad. Escuela de bomberos. 2002. ISBN 84-607-5710-2.
• FERNANDO BERMEJO MARTIN. El libro del bombero profesional. Madrd: Videotraining, S.l. 2003. ISBN 84-87394-74-4.
• DELFÍN DELGADO. Rescate urbano en altura. Madrid: Desnivel ediciones. 2002. ISBN: 84-95760-51-7.
• SALLY EDWARDS. Corazón inteligente. España: Dorleta S.A 1996. ISBN84-87812-14-7.
• CORRAL, C. “Características fisiológicas del trabajo de bomberos en fuegos de interiores”. Emergencia 112. Diciembre 2003. num 50: p 16 - 19.
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