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Incendios Forestales 2005. El verano más dramático
Carmen Pinto
Comité Sectorial Equipos Móviles de Tecnifuego-Aespi
Vicente Mans
Coordinador Productos Protección Pasiva de Tecnifuego-Aespi


El verano de 2005 será recordado en la Península Ibérica como uno de los más devastadores y dramáticos en cuanto a incendios forestales. Según fuentes del Ministerio de Medio Ambiente, hasta octubre de este año han ardido 153.300 hectáreas, un 26% más que al año anterior; se han producido más de 23.000 alarmas por incendio: 8.175 incendios y 15.110 conatos; han muerto 17 trabajadores de la extinción: 11 en un retén en Guadalajara, cuatro pilotos en diversos puntos del territorio nacional y un agente forestal y un miembro de un retén en Castilla-León.

A los riesgos habituales: pirómanos, canallas con intereses urbanísticos, domingueros descuidados, falta de medidas y medios de extinción, se han sumado unas condiciones meteorológicas adversas: vientos cambiantes y una pertinaz sequía.

Así, siguiendo las estadísticas facilitadas por el Ministerio de Medio Ambiente, entre 1991 y 2002 han ardido en España 1.800.000 hectáreas en 232.000 incendios forestales. Ello supone el 10% de la masa forestal española, que sigue siendo la región europea más afectada por la desertización: han desaparecido a lo largo de este siglo grandes extensiones de bosques autóctonos -los que recogen y alimentan la biodiversidad- para sustituirlos por especies de crecimiento rápido, destinados fundamentalmente al sector maderero y papelero.

Además, los incendios forestales son la causa principal de la desaparición de los usos tradicionales de aprovechamiento del monte, y están motivando la pérdida de calidad forestal y la acelerada desaparición de los bosques viejos y maduros, así como la extinción de la flora y fauna forestal local. Y desde luego, una buena parte de los incendios son provocados por desaprensivos, movidos por intereses de recalificaciones de terrenos para uso inmobiliario. Aunque esto parece que va a resultar cada vez más difícil si se aprueba la normativa que prohíbe construir en los terrenos quemados en 30 años, según ha informado el Director General para la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, José Luís Herranz.

En todo caso, es importante que los ciudadanos sepan que hay fórmulas para evitar los incendios y una vez producidos hay métodos eficaces para su extinción rápida. Los profesionales que llevan décadas investigando y trabajando por mejorar la eficacia en la prevención y extinción de incendios forestales, centran su trabajo en diversos estudios de los bosques, sus ecosistemas, climatología, variaciones atmosféricas y los diferentes tipos de combustibles vegetales, para que todo ello posibilite la prevención natural de los incendios.

Desde luego, la prevención es el medio más eficaz y económico para evitar incendios forestales. Por ejemplo, es preciso realizar una vigilancia permanente, limpiar las zonas boscosas de ramas, separar toda zona urbanizada del monte, acondicionar las urbanizaciones y dotarlas de hidrantes (aparato hidráulico que conectado a una red de agua surte de caudal en caso de incendio) y facilitar la intervención de los medios de extinción en caso de necesidad.

Además, hay determinadas exigencias legislativas, como las obligaciones que la Directriz Básica de Protección Civil sobre Incendios Forestales impone a propietarios e instituciones con los planes locales y de autoprotección.

URBANIZACIONES EN ZONAS FORESTALES
La Directiva, entre otras cuestiones, señala las medidas preventivas en urbanizaciones cercanas a bosques. La primera y más elemental es aislar la urbanización creando una zona de seguridad o área cortafuegos, constituida por una franja de 25 m de anchura sobre terreno de la urbanización entre la zona edificada y la forestal, en la que no habrá edificios y se mantendrá desbrozada. Sobre ella habrá un camino o carretera perimetral.

La urbanización debe disponer de dos vías de acceso y evacuación alternativas, cada una de las cuales de 5 m de anchura. Las fachadas de madera deben tener tratamiento ignifugado. Deben evitarse los basureros eventuales e incontrolados. La urbanización debe estar dotada de hidrantes para facilitar el trabajo a los equipos de extinción y retardantes para mezclar con el agua y multiplicar su acción extintora.

TECNOLOGÍAS PARA LA EXTINCIÓN RÁPIDA Y EFICAZ
Hay que diferenciar entre los medios de extinción tradicionales (brigadas con batefuegos, vehículos de bomberos, vehículos especiales, palas motorizadas, herramientas de mano, ramas, etc.), y otros medios de extinción desarrollados en base a una investigación continuada y que respetan el medio ambiente, como son determinados retardantes y espumógenos que multiplican la eficacia del agua.
Entre los medios terrestres, se debe disponer de los vehículos contra incendios provistos de cisterna, bomba y mangueras. Las áreas cortafuegos y las urbanizaciones cercanas, estarán dotadas de hidrantes. En la protección aérea, desde aviones y helicópteros, se emplearán agentes retardantes de largo plazo y/o espumógeno, que mejoran la acción del agua sobre los combustibles. Además, se emplearán los medios humanos tradicionales, personal voluntario y profesional dotado con extintores de mochila.

Desde la década de los ochenta, en que se utilizan medios aéreos en la lucha contra incendios forestales: aviones de ala fija, hidroaviones, helicópteros, etc., se ha investigado en el desarrollo de productos retardantes basados en polifosfatos amónicos que incrementan de una forma notable la eficacia y las prestaciones del agua, en particular en la aplicación terrestre, según se desprende de experiencias reales en el 2004 en la DGA de Aragón y que este año dispondrá de dos unidades operativas con retardante terrestre en sus bases de Ejea y en Alcorisa.

RETARDANTES
Los retardantes pueden ser de corto plazo (espumas y geles espesantes) y de largo plazo. Para simplificar la comprensión de estos productos, se puede decir que los primeros actúan siempre con la presencia de agua puesto que bajan la tensión de la misma y de este modo se logra “micronizar” la gota de agua. El poder humectante de este método combinado con el espumógeno eleva considerablemente su eficacia, si bien, el calor que generalmente avanza por delante de la llama reduce algo su eficacia.

Los retardantes de largo plazo, basados en polifosfatos amónicos modificados, se pueden utilizar tanto desde tierra como desde el aire y han demostrado ser el producto más eficaz que se puede utilizar para construir líneas de defensa, delimitar perímetros cuando se utilizan cortafuegos y en extinción directa, puesto que poseen una gran ventaja sobre otros productos utilizados: actúan también sin la presencia de agua (que se haya evaporado por la acción del calor).

Estos productos, aunque desde su aparición se han utilizado para contribuir a la eficacia de la extinción desde los medios aéreos, hoy en día la tecnología permite usarlos por medios terrestres, básicamente para la creación y apoyo a líneas de defensa, protección de contrafuegos, protección de urbanizaciones, etc.

CONTRA LA FALTA DE AGUA: HIDRANTES

En las tareas de extinción se suele dar un problema común: la falta o la lejanía del agua. La carga de los camiones de bomberos, y la escasez de aviones y helicópteros de extinción, son carencias reales que se pueden solucionar.

A esta problemática se está haciendo frente acercando el agua a las zonas boscosas, mediante la instalación de redes de hidrantes en las poblaciones de montaña, urbanizaciones cercanas o en las mismas montañas siguiendo las pistas forestales. En la medida que sea posible, se debe tender a “urbanizar” las áreas boscosas, dotándolas de soluciones que a modo de hidrantes o columnas de agua permitan aproximar el agua al fuego en la mayor cantidad y en el menor tiempo posible.

Los hidrantes están fabricados de acuerdo con Normas UNE, realizadas por expertos en la materia, con cálculos exactos para disponer de la mayor cantidad de agua en el menor tiempo posible. Esto hace que sea el medio más efectivo y rápido para disponer del agua necesaria en las zonas de riesgo. Es importante tener en cuenta que, con los modernos medios de excavación y canalización de los que se dispone en la actualidad, se puede llegar prácticamente a cualquier punto, independientemente de las condiciones del terreno. También pueden construirse depósitos elevados allí donde sea totalmente imposible la canalización.

Los incendios forestales de grandes proporciones se pueden evitar, tomando las medidas contra incendios desarrolladas. No se puede seguir dejando que sea el azar el que disponga el número de hectáreas que se quemarán el próximo año. Los medios y medidas están disponibles, sólo hay que implantarlos y ejecutarlos siguiendo los criterios de los expertos en la materia.

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